Hablar
de la obra de Donald Jiménez es acercarse a la persona
que atesora vivencias y valora los alcances conseguidos
a partir del esfuerzo y la disciplina.
En su trabajo se respira la pureza de la vivencia rural
que audazmente interpreta en formas que nos remiten a lo
esencial, a lo primigenio, a la frescura con que el niño
se zambulle y retoza alegremente en su “poza”
favorita. En paralelo, el niño que llevamos dentro
se sumerge en su pensamiento para descubrirse y comprender
que nuestra realidad se transforma constantemente.
Esta búsqueda, además, profundiza en lo visceral,
en lo erótico, en lo fraternal, en una preocupación
por aquel fenómeno que los humanos llamamos amor.
Entonces, el artista hace parecer fácil lo difícil,
deposita una gota de magia en el ojo del espectador y suaviza
la piedra, alcanza la síntesis formal y conceptual
haciendo gala de un gran dominio técnico. Así
las cosas, el arte de Jiménez se viene convirtiendo
en uno de los referentes de la escultura contemporánea
costarricense.
Rodolfo
Varela
Escultor |